Explore "Las noches mejicanas" by Gustave Aimard on Textopian. Read with annotations and highlights.
En la época en que se desenvuelve nuestra historia, Méjico pasaba una de esas crisis terribles, cuyas repeticiones periódicas han reducido poco a poco a esta desventurada nación al extremo en que hoy se encuentra y del que no tiene fuerzas para salir[1]. Ahí en dos palabras los hechos tal cual acaecieron.
El general Zuloaga, nombrado presidente de la república, un día, no se sabe por qué, halló la carga del poder demasiado pesada para sus hombros y abdicó a favor del general D. Miguel Miramón, quien, en virtud de tal abdicación, fue exaltado a la presidencia interina. Éste, enérgico y sobre todo muy ambicioso, había empezado a gobernar en Méjico, cuidando ante todo de hacer aprobar su nombramiento de supremo magistrado de la nación por el Congreso y por el Ayuntamiento, que le eligieron por unanimidad.