Explore "Historia de la compañía de Jesús en Nueva España" by Francisco Javier Alegre on Textopian. Read with annotations and highlights.
Ya no parecía quedar esperanza alguna de remedio. El ilustrísimo había hecho confesión general y lo mismo los padres, y muchos de los navegantes. Por el espacio de cuarenta y ocho horas se habían mudado sobre el bajel todos los vientos, y todos igualmente furiosos. La confusión y el espanto de un próximo inevitable naufragio, había hecho callar y volver dentro de sí aun a las gentes más licenciosas. En medio de este triste silencio y turbación saludable de los ánimos, el padre Medrano después de haberlos exhortado con un crucifijo en las manos a fervorosos actos de contrición, les hizo poner toda su confianza en la intercesión de nuestro bienaventurado padre Ignacio. Les refirió para animarlos algunos casos de su admirable vida, singularmente aquel en que volviendo de Palestina se perdió el navío que no quiso recibirle a su bordo, y se salvó aquel en que fue recibido el Santo peregrino. Diciendo esto, ató a un cordel un pedazo de cilicio con que el santo había afligido su carne y lo arrojó a las olas, clamando el arzobispo y todos a una voz: Santo padre Ignacio, ayúdanos. Efectivamente, desde aquel mismo instante amainó la furia del viento y dentro de muy poco volvió la serenidad deseada. El ilustrísimo autenticó en toda forma la maravilla, y remitió el proceso al padre general Claudio Acuaviva, prometiendo celebrar al santo anual fiesta en su iglesia, siempre que la Sede Apostólica lo juzgase digno de los altares.