Explore "Historia de la compañía de Jesús en Nueva España" by Francisco Javier Alegre on Textopian. Read with annotations and highlights.
Las misiones de la provincia de Nueva-España no eran solo para fundar nuevas cristiandades entre naciones en los confines de la América septentrional, aunque tan vastos. Después de haber enviado operarios infatigables, primero hacia el Poniente hasta las Islas Filipinas, en que ya quedaba fundada una vice-provincia utilísima para las regiones de la Asia, y de haberse extendido por el Norte hasta trescientas leguas adelante de México, en partes donde jamás se había oído el adorable nombre de Jesucristo, se dispararon este año sus saetas de salud a las dilatadísimas regiones de la América meridional, en que con el sólido cimiento de la pobreza y de la incomodidad y tribulación, dieron principio a una de las más floridas y religiosas provincias de la Compañía en aquellas regiones. Hallábase en México de inquisidor mayor, y electo arzobispo de Granada, el ilustrísimo señor don Bartolomé Lobo Guerrero, hombre de un grande mérito y de un singular afecto a la Compañía. No juzgó poder satisfacer mejor a las grandes obligaciones de su nuevo carácter que llevando consigo algunos de ella, que en la Europa y en México había visto ejercitarse con tan conocida utilidad en servicio de las almas. Y a la verdad las necesidades de su iglesia pedían un socorro muy pronto. Aunque en la provincia no sobraban sujetos, era grande la autoridad y afecto del pretendiente, y mayor la importancia de la empresa para que no se hubiese de condescender de parte del padre provincial. Destinó, pues, el Padre Esteban Páez para esta expedición al padre Alonso Medrano, que por diez años continuos había ejercitado en esta provincia el oficio de misionero, y acostumbrádose a la fatiga y ministerios de la vida apostólica, y por compañero al padre Francisco Figueroa, poco antes venido de la Europa, y que daba muchas esperanzas, según la virtud y prendas que le asistían, de ser heredero del doble espíritu del padre Medrano; partieron del puerto de Veracruz el día de Santa Catarina, 31 de abril de 1598. No fue muy favorable a los navegantes el mar hasta la Habana; pero pudo tenerse por muy feliz esta primera navegación, respecto de los grandes trabajos con que quiso Dios probar su paciencia en lo que les restaba. Tuvieron que huir con bastante susto algún tiempo seguidos de un pirata inglés que infestaba aquellos mares. A la altura de Jamaica pareció haberse desencadenado todos los vientos. El cielo por once días antes había estado continuamente cubierto de negras nubes que no dejaban observar el sol ni las estrellas, como amenazando con una de las más espantosas borrascas. Sobrevino en efecto con tal furia, que a pocas horas habían ya perdido el palo del trinquete, y poco después el mayor.
Procuraron remediarse con los que llevaban de respeto; pero no era este aun el mayor trabajo. El golpe del árbol mayor y del trinquete había quebrantado mucho el navío, y hacía por muchas partes tanta agua, que muchos hombres condenados día y noche al continuo ejercicio de la bomba, no podían agotarla. Fue necesario echar a la agua mucha carga, y entre los primeros baúles que se alijaron, hubieron de ser aquellos en que llevaban los padres su poca ropa, sus papeles y sus libros, para que aun después de pasada aquella tribulación tuviesen que sentir los efectos de la santa pobreza.