Historia de la compañía de Jesús en Nueva España

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Tal era el estado del nuevo reino de Granada cuando llegaron a él los dos misioneros de la provincia de México. Sostenidos con toda la autoridad del arzobispo y presidente, comenzaron a ejercitar sus ministerios con una aplicación y un fervor que causaba espanto a cuantos veían a dos hombres solos haciendo guerra a todos los vicios y desórdenes de una populosa ciudad. Recogidos en la pobre habitación del hospital, no se les veía jamás en la calle sino para cosas de la gloria de Dios. Su distribución, según escribe el padre Medrano, era esta. Por la mañana, después de haber celebrado el santo sacrificio, visitaban los enfermos del hospital: si había algunos que quisiesen confesarse, servíanlos y consolábanlos, poniendo por cimiento del día este ejercicio de humildad. Luego se sentaban a oír confesiones hasta las ocho o nueve de la mañana. De aquí partían sus ocupaciones. El padre Medrano hacía una lección de teología moral a los clérigos y ministros de indios que por orden del ilustrísimo se juntaban a este efecto cada día. El padre Figueroa leía gramática a los pajes del señor arzobispo y algunos otros españolitos de lo más lucido de la ciudad. El rato que quedaba de la mañana lo empleaban en sus domésticas distribuciones, si les daba lugar el tropel de consultas de parte del señor arzobispo, presidente y oidores, u otras semejantes personas. Algunos ratos empleaban en aprender uno la lengua Moxca, otro la Pancha. A la tarde salían por las calles acompañados de los niños y los indios, cantando por las calles la doctrina cristiana hasta la plaza, en que uno explicaba algún punto del catecismo, y otro hacía una exhortación moral. Por lo común no volvían a casa sino acompañados de algunos penitentes, con cuyas lágrimas y sincera conversión, bendecía el Señor sus trabajos y los animaba para proseguir con nuevo fervor al día siguiente. Antes de recogerse volvían a visitar los enfermos del hospital, y las más noches interrumpían el tenue descanso levantándose a confesiones para que eran buscados de toda la ciudad. Los domingos y los días de fiesta -369→ añadían por la mañana otro sermón en la iglesia del hospital.

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