Explore "Historia de la compañía de Jesús en Nueva España" by Francisco Javier Alegre on Textopian. Read with annotations and highlights.
Este fin tuvo el fervoroso padre Pedro Martínez. Había nacido en Celda, pequeño lugar de Aragón, en 15 de octubre de 1523. Acabados los estudios de latinidad y filosofía, se entregó con otros jóvenes al manejo de la espada, en que llegó a ser como el árbitro de los duelos o desafíos, vicio muy común entonces en España. Con este género de vida no podía ser muy afecto a los jesuitas, a quien era tan desemejante en las costumbres. Miraba con horror a la Compañía, y le desagradaban aun sus más indiferentes usos. Con tales disposiciones como estas, acompañó un día a ciertos jóvenes pretendientes de nuestra religión. La urbanidad le obligó a entrar con ellos en el colegio de Valencia y esperarlos allí. Notó desde luego en los padres un trato cuan amable y dulce, tan modesto y religiosamente grave. La viveza de su genio no le permitió examinar más despacio aquella repentina mudanza de su corazón. Siguió el primer ímpetu, y se presentó luego al padre Gerónimo Nadal, que actualmente visitaba aquella provincia en cualidad de pretendiente. Pareció necesario al superior darle tiempo en que conociera lo que pretendía, mandándole volver a los ocho días. Esta prudente dilación era muy contraria a su carácter, y en vez de fomentar la llama, la apagó enteramente. Avergonzado de haberse dejado arrastrar tan ciegamente del engañoso exterior como juzgaba de los jesuitas, salió de allí determinado a no volver jamás, ni a la pretensión, ni al colegio.
Justamente para el octavo día hubieron de convidarlo por padrino de un desafío. Acudió prontamente a la hora y al lugar citado; pero a los combatientes se les había pasado ya la cólera, y ninguno de los dos se dio por obligado al duelo. Quedó sumamente mortificado y corrido de ver el poco aprecio que hacían de su palabra y de su honor aquellos sus amigos. ¿Y qué, se decía luego interiormente, tanto me duele que estos hayan faltado a su palabra?, ¿y habré yo de faltar a la -8→ mía? ¿Y qué se diría de mí entre los jesuitas, si como prometí, no vuelvo al día citado? Con estos pensamientos partió derechamente al colegio, y a lo que parece no sin especial dirección del cielo, fue admitido por el padre visitador, excluidos todos aquellos pretendientes, en cuya compañía había venido ocho días antes. Una mudanza tan no esperada abrió los ojos a algunos de sus compañeros. El entretanto se entregó a los ejercicios de la religiosa perfección con todo aquel ardor y empeño con que se había dejado deslumbrar del falso honor. Acabados sus estudios fue ministro del colegio de Valencia, después de Gandía; ocupaciones entre las cuales supo hallar tiempo para predicar en Valencia y en Valladolid, y aun hacer fervorosas misiones en los pueblos vecinos. A fuerza de su cristiana elocuencia, se vio convertido en teatro de penitencia y de compunción, el que estaba destinado para juegos de toros, y otros profanos espectáculos en la villa de Oliva. Pasaba al África el año de 1558 un ejército bajo la conducta de don Martín de Córdoba, conde de Alcaudete. Este general, aunque interiormente muy desafecto a la Compañía de Jesús, pretendió de San Francisco de Borja, vicario general entonces en España, llevar consigo algunos de los padres, queriendo con esto complacer a aquel santo hombre, a quien por el afecto y veneración que le profesaba el rey católico, le convenía tener propicio. Señaláronse los padres Pedro Martínez y Pedro Domenek, con el hermano Juan Gutiérrez. Partieron luego a Cartagena de Levante, lugar citado para el embarque. Pasaron prontamente a ofrecer al conde sus respetos y sus servicios. Este sin verlos les mandó por un pago, que estuviesen a las órdenes del coronel. Una conducta tan irregular les hizo conocer claramente cuanto tendrían que ofrecer al Señor en aquella expedición.