Explore "Sexus: La crucifixión rosada 1" by Henry Miller on Textopian. Read with annotations and highlights.
La mañana siguiente fue como después de una tormenta: el desayuno como de costumbre, un sablazo para el transporte, una carrera hacia el metro, la promesa de llevarla al cine después de cenar. Probablemente para ella fuera simplemente un mal sueño, que procuraría olvidar durante el día. Para mí era un paso hacia la liberación. Nunca más se volvió a mencionar el tema. Pero estaba presente todo el tiempo y facilitaba las cosas entre nosotros. Lo que pensara ella no lo sé, pero lo que yo pensaba era muy claro y preciso. Cada vez que asentía a una de sus peticiones o exigencias, me decía: «Muy bien, ¿eso es todo lo que quieres de mí? Haré todo lo que desees, excepto darte la ilusión de que voy a vivir el resto de mi vida contigo».
Ahora era propensa a mostrarse más indulgente consigo misma, a la hora de satisfacer su naturaleza animal. A veces me preguntaba qué se diría al excusarse ante sí misma por aquellos asaltos extranupciales, pre o posmorganáticos. Desde luego, se entregaba a ellos en cuerpo y alma. Ahora jodía mejor que en los primeros tiempos, cuando solía colocarse un almohadón bajo el culo e intentar besar el techo. Supongo que jodía con desesperación. Jodía por el placer de joder, y que se hundiera el mundo.