Capítulo 8
Parte 5: EL POETA TIENE CELOS
CAPÍTULO 8
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En el autobús en que regresaban a la Praga ya anochecida estaba sentada, además de los poetas, la bella cineasta. Los poetas la rodearon y cada uno intentaba llamar lo más posible su atención. Jaromil, desgraciadamente, ocupaba un asiento demasiado alejado, de modo que le fue imposible participar en el juego; pensaba en su pelirroja y se daba cuenta con claridad meridiana de que era irremediablemente fea.
El autobús se detuvo luego en el centro de Praga y algunos de los poetas decidieron ir a un bar a tomar unos vasos de vino. Jaromil y la cineasta fueron con ellos; se sentaron alrededor de una mesa grande, charlaron, bebieron y cuando por fin salieron del bar ella les propuso que fueran a su casa. Para entonces ya sólo quedaban Jaromil, el poeta sesentón y el redactor de la editorial. Se fueron sentando en los sillones de una preciosa habitación en el primer piso de una casa moderna, donde la chica vivía en un apartamento alquilado, y siguieron bebiendo.
