Explore "La Vida Está En Otra Parte" by Milan Kundera on Textopian. Read with annotations and highlights.
En las casas en las que nacieron los poetas líricos, mandan las mujeres: la hermana de Trakl, las hermanas de Esenin y Maiakovski, la tía de Blok, la abuela de Hólderlin y la de Lermontov, el ama de Pushkin y ante todo las madres, las madres de los poetas, tras las cuales palidece la sombra del padre. Lady Wilde y Frau Rilke vestían a sus hijos con ropas de niñas. ¿Le llama a usted la atención que el muchacho se mire angustiado al espejo? Es hora de hacerse hombre, escribe el poeta checo Jirj Orten en su diario. A lo largo de toda su vida, el poeta buscará la virilidad de los rasgos en su cara.
Cuando pasaba largo tiempo mirándose al espejo, lograba finalmente ver lo que buscaba: una mirada dura o un rictus cruel en la boca; claro que para conseguirlo tenía que forzar una determinada sonrisa o, mejor dicho, una mueca, de manera que el labio inferior quedara arti-ficialmente estirado. También trataba de cambiar su cara mediante el peinado: intentaba levantar los cabellos que caían sobre su frente, de modo que formaran una mata espesa, salvaje; pero todo era inútil, aquel pelo que la mamá adoraba por encima de todo, hasta el punto de llevar un rizo en un relicario, era lo peor que se podía imaginar: amarillo como las plumas de los pollitos recién nacidos y finos como la pelusilla de los vilanos; no había modo de darle forma; la mamá le acariciaba el pelo con frecuencia y le decía que eran los cabellos de un ángel. Pero Jaromil odiaba a los ángeles y amaba a los diablos; hubiera deseado teñirse el pelo de negro; pero no se atrevía porque teñirse el pelo era aún más afeminado que tenerlo rubio; la única solución que encontró fue dejárselo muy largo y llevarlo despeinado.