Explore "La tierra" by Pablo Neruda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Amarillo, amarillo sigue siendo el perro que detrás del otoño circula haciendo entre las hojas circunferencias de oro, ladrando hacia los días desconocidos.
Así veréis lo imprevisto de ciertas situaciones: junto al explorador de las terribles fronteras que abren el infinito, he aquí el predilecto, el animal perdido del otoño.
Qué puede cambiar de tierra a tiempo, de sabor a estribor, de luz velocidad a circunstancia terrestre?
Quién adivinará la semilla en la sombra si como cabelleras las mismas arboledas dejan caer rocío sobre las mismas herraduras, sobre las cabezas que reúne el amor, sobre las cenizas de corazones muertos?
Este mismo planeta, la alfombra de mil años, puede florecer pero no acepta la muerte ni el reposo: las cíclicas cerraduras de la fertilidad se abren en cada primavera para las llaves del sol y resuenan los frutos haciéndose cascada, sube y baja el fulgor de la tierra a la boca y el humano agradece la bondad de su reino.
Alabada sea la vieja tierra color de excremento, sus cavidades, sus ovarios sacrosantos, las bodegas de la sabiduría que encerraron cobre, petróleo, imanes, ferreterías, pureza, el relámpago que parecía bajar desde el infierno fue atesorado por la antigua madre de las raíces y cada día salió el pan a saludarnos sin importarle la sangre y la muerte que vestimos los hombres, la maldita progenie que hace la luz del mundo.