Ulises criollo coverCAPÍTULO 7676
CAPÍTULO 7676

De postulante

CAPÍTULO 7676Visible text2 paragraphs
Edificio de la Mutua, el mismo que hoy ocupa el Banco de México. Todavía están intactos en el quinto piso los departamentos del bufete Werner, Johnson y Galston, abogados de Nueva York. El de la esquina es una salita lujosa y bien aireada. Allí despachaba mister Warner. En uno de la derecha trabajaba Zentella, y el del fondo, el más pequeño, me fue asignado en calidad de abogado auxiliar de la firma. Desde mi ventana observaba el trabajo de la cimentación del Teatro Nacional. Imaginaba el día del estreno, con alguna gran ópera, especie de Aída azteca que ya para entonces escucharía de frac en un palco de gala. Por lo pronto, y pese a mi elegante moblaje de caoba, no pasaba aún de la categoría de gestor judicial. Sin réplica aceptaba todo el trabajo que querían echar sobre mis hombros. El instinto del hombre sin apoyos, sin ventajas iniciales, me hacía comprender que en tanto más tarea me dieran, más firme se haría mi posición y mayor oportunidad tendría de mejorar. El trabajo era afanoso, pero sencillo: Legalización de contratos de compraventa de tierras, o minas, consumados en los Estados Unidos; organización de sociedades anónimas; redacción de contratos, cobranzas y pocos juicios. A menudo la oficina me tomaba más tiempo que las gestiones de la calle. Cada día mi jefe inmediato, Zentella, procuraba trabajar menos en tanto que yo me alegraba de trabajar más, fiado en la justicia inmanente que, tarde o temprano, asigna a mayor trabajo mejor paga. Zentella disponía de algún dinero propio, le gustaba divertirse y no ponía empeño en gobernar la marcha del despacho. Atractivo, campechano, decidor, su atención giraba en torno del único tema: la sensualidad femenina y las ocasiones de gozarla. Sus aventuras eran numerosas; pero fracasaba en su intento de rendir a la bella del bufete, una señorita Ochoa, taquígrafa menuda y aporcelanada en blanco y rosa, cabellos negros, labios finos y una risa argentina que alegraba el trabajo; pero no iba más allá de la coquetería. También el rubio, casi albino, mister Johnson, llegó a codiciar a tal punto a la miss Ochoa, que le propuso matrimonio.
Banco de México.