CAPÍTULO 8484
El Istmo
CAPÍTULO 8484Visible text2 paragraphs
Por Juchitán llegué otra vez, aprovechando la ocasión para instalar un club que cumplió entre los buenos. Aquello era meter discordia en los feudos mismos del Caudillo. Una mujer adinerada, comadre de Porfirio Díaz, era la cacique reconocida en aquella especie de matriarcado indígena. Anteriormente nadie se le enfrentaba. Me conquisté, sin embargo, a un tinterillo resuelto que asumió la representación maderista, y más tarde fue diputado. Y, por supuesto, según acontece en la juventud, el propósito práctico, el negocio profesional y la acción política son otros tantos pretextos para gozar las oportunidades y las sorpresas del ambiente. Pocos se aventuraban por aquellas regiones mal afamadas por el vómito negro y el paludismo, incómoda hasta lo increíble, así se fuese bien provisto de dinero. Con todo, una vez acomodado a las circunstancias, descubría el viajero raros encantos, aparte de sensualidades violentas y exóticas.
En el entronque de Santa Lucrecia había un único hotelillo de chinos, al que se llegaba de noche. Lo común era encontrarlo lleno.
