CAPÍTULO 8383
La propaganda
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Colaborando con la intensa, eficacísima labor que Madero realizaba en persona, yo aprovechaba ahora los viajes profesionales para dejar instalados clubes. La ruta del Istmo me dio ocasiones provechosas; por allí empezaban a establecerse capitales americanos en el cultivo de la fruta tropical y del azúcar. Daba gusto contemplar los piñares haciendo llanura, los bosques de mangos finos. También la caña alcanza en tales zonas tamaños y calidades que ya quisieran en Cuba. Se exportaba entonces por Veracruz un considerable tonelaje de azúcar. La propiedad de los ingenios estaba repartida entre españoles, que seguían métodos primitivos pero seguros, y yanquis que instalaban enormes maquinarias servidas con personal de oficina, peritos, gerentes y automóviles. Los nuevos colonos yanquis veían con desprecio al español, vecino imperturbable, que seguía moliendo su azúcar morena, su piloncillo. Un gran impulso conmovía la selva; cientos de braceros abrían brechas, consumaban desmontes; en ciertas comarcas los campos sembrados hacían horizonte. Inversionistas de los Estados Unidos pasaban unos días en las casas nuevas de madera pintada; tela de alambre para el mosquito, duchas y refrigeración eléctrica para los alimentos. Vestidos de blanco cabalgaban con sus mujeres en potros de lujo; desembarcaban tractores del ferrocarril inmediato. A los cuatro años, por lo común, venía la quiebra. Los gastos excesivos de la administración cansaban a los accionistas de Norteamérica, faltaba la inyección de capital nuevo, se suspendían los trabajos y sobrevenía el remate. Entonces el español, que por regla general tenía dinero en el Banco, se presentaba a comprar. A la larga triunfaba el más bien adaptado, el más sereno y resistente para la lucha con el clima y la naturaleza. De varios casos fui testigo y me complacía presenciar el triunfo del «gachupín» y la contradicción de la tesis corriente en la época sobre la superioridad casi sobrenatural del empresario yankee. De no mediar el carrancismo, que destruyó al nacional y al español; de no presentarse en obra la política adoptada por Calles, según los tratados de Warren y Pani, que garantizan la propiedad del yankee y dejan desamparados a los propietarios mexicanos y españoles, a la fecha, nuestro país habría absorbido y devuelto el capital norteamericano. Pues la biología social nos es favorable y no es la competencia lo que nos derrota, sino traición repetida del político.
Caricatura Los periodistas, de José Guadalupe Posada.
