CAPÍTULO 8686
El nuevo embajador
CAPÍTULO 8686Visible text2 paragraphs
Se llamaba Henry Lane Wilson y lo recibimos con entusiasmo por causa de un discurso en que, contrariando el precedente diplomático de encarnar a México en la persona del Dictador, declaró que era efímero todo progreso que no se apoyaba en «la sólida roca de la Constitución de un pueblo». La frase desagradó al Gobierno pero hizo fortuna en la oposición. Además y aun cuando no nos dábamos cuenta de ello, la ideología revolucionaria que permeaba al país era un reflejo del movimiento sindicalista norteamericano. Los agitadores cruzaban la frontera llegando a provocar levantamientos como el de Cananea, reprimido a su vez por soldados de Norteamérica, con anuencia del gobernador porfirista. Las doctrinas que en la nación del Norte fracasaban por falta de ambiente propicio, encontraban repercusión material en el México oprimido y desesperado. Lo que en nosotros no podía expresarse en el mitin o en el diario, se refugiaba en el complot. La mayor parte de los jefes secundarios de la rebelión, desde 1910 a la fecha, han sido hombres de cultura rudimentaria, con indigestión del ideario de los Industial Workers of the World, primero, y de la American Federation of Labor, después, al iniciar Calles el obrerismo amarillo o de simulación revolucionaria. Las revistas norteamericanas de tendencia avanzada, los diarios, de información libre, circulaban en México y propalaban historias de atropellos gubernamentales de los que no se podía hablar en nuestro propio territorio. Desde Estados Unidos también, los refugiados de anteriores intentos de rebelión, encabezados por los Flores Magón y apoyados en las organizaciones obreras yanquis, mantenían una campaña violenta contra el despotismo de Díaz.
Henry Lane Wilson.
