Ulises criollo coverCAPÍTULO 9191
CAPÍTULO 9191

Los arreglos de Ciudad Juárez

CAPÍTULO 9191Visible text2 paragraphs
Contemplando desde afuera el panorama político de México, se veía muy claro. Las detalladas informaciones de la prensa, las declaraciones gubernamentales, daban una visión que permite deducir el momento que sigue. Era evidente que el ciclo porfirista se acercaba a su término. La rebelión del Sur amenazaba la capital, y en sus calles, después de la toma de Ciudad Juárez, se habían producido manifestaciones tumultosas y sangrientas para exigir la renuncia del Dictador. Enfermó éste, y rodeado de una camarilla inepta, no le quedaba al régimen otro camino que el que adoptó sin demora: el de transacción con los rebeldes. Se discutió mucho acerca de la conveniencia de los llamados arreglos de Ciudad Juárez, desde el punto de vista de los revolucionarios. Es evidente que en unas semanas más de lucha, el porfirismo habría sido barrido sin condiciones y exaltado Madero a la Presidencia. Se hubiera ahorrado así el país todo el inquieto y peligroso periodo del interinato del señor De la Barra. Desde Washington yo aconsejaba tal proceder contrario a los arreglos. Y durante mucho tiempo el elemento más radical de la revolución culpó a Madero de debilidad por haber pactado con el enemigo. Pero es un hecho que así pensábamos los no combatientes. En cambio, los que estaban en el campo se regocijaron, en su mayoría, de la pronta terminación de la lucha armada. Se ha repetido que los tratados de Ciudad Juárez fueron el comienzo de la claudicación revolucionaria. Por mi parte, después de una larga experiencia de los manejos de las revoluciones, he reconocido no sólo la sabiduría del acuerdo, sino que también creo haber adivinado los motivos que determinaron la decisión de Madero. Más aún, creo haber oído al propio Madero explicarla, como se verá en seguida.
Las guerrillas contra la dictadura, por Alberto Beltrán.