CAPÍTULO 16
PARTE X
CAPÍTULO XVI
CAPÍTULO 16Visible text2 paragraphs
Cuando a la mañana siguiente Pedro se despertó, en la isba no había nadie. Los cristales del ventanillo temblaban y el lacayo, de pie ante él, le sacudía.
- ¡Excelencia! ¡Excelencia! ¡Excelencia! - decía el lacayo sacudiendo a Pedro por la espalda con insistencia, sin mirarlo y evidentemente sin esperanza de poderlo despertar.
