CAPÍTULO 20
PARTE X
CAPÍTULO XX
CAPÍTULO 20Visible text2 paragraphs
Sin moverse de aquel lugar y sin disparar un solo cañonazo, el regimiento perdió un tercio de sus soldados. Delante, y particularmente a la derecha, donde la humareda no se disipaba, los cañones retumbaban y por encima de la extensión misteriosa que el humo cubría volaban las balas y las granadas sin descanso, con estridentes silbidos.
Por dos veces, y como para descansar, las balas y las granadas, durante un cuarto de hora, pasaron de largo. Por el contrario, otras veces los proyectiles ocasionaban muchas bajas en un solo minuto, y a cada instante debían retirar a los muertos y recoger a los heridos.
