CAPÍTULO 9
PARTE XI
CAPÍTULO IX
CAPÍTULO 9Visible text2 paragraphs
Al saber que ardía Moscú, la Condesa se echó a llorar. Natacha, pálida, con la mirada fija, se sentó en un banco bajo los iconos; no prestó atención a las explicaciones de su padre. Escuchaba los gemidos del ayudante de campo, que, aunque el herido distaba de ellos tres casas, se oían con claridad.
- ¡Qué horror! - exclamó Sonia volviendo del patio transida y asustada . Creo que está ardiendo todo Moscú. El resplandor es inmenso. Natacha, mira por aquí; se ve ya desde la ventana - dijo para distraer a su prima.
