CAPÍTULO 12
PARTE XIII
CAPÍTULO XII
CAPÍTULO 12Visible text2 paragraphs
Su expresión, su andar, su mirada, su voz, todo se modificaba. La fuerza de la vida, la esperanza de una felicidad insospechada, brotaban en ella y pedían que se les diera satisfacción. A partir de aquel día, Natacha pareció olvidar todo lo acaecido anteriormente. Ni una sola vez volvió a quejarse de su suerte, no dedicó ni una palabra al pasado, no volvió a temer a hacer planes alegres para el porvenir. Hablaba poco de Pedro, pero cuando la princesa María pronunciaba su nombre, una luz desvanecida hacía tiempo volvía a brillar en sus ojos y una singular sonrisa desplegaba sus labios.
Esta transformación que se producía en Natacha empezó por asombrar a la princesa María y, cuando la comprendió bien, la entristeció. «Amaba tan poco a mi hermano, que ha podido olvidarlo en cuatro días», se decía al observar aquel cambio. Pero cuando tenía ante sí a Natacha no le hacía ningún reproche, no le guardaba rencor. La fuerza vital que se despertaba en la joven y se apoderaba de ella era, evidentemente, tan involuntaria e inesperada que cuando la veía se daba cuenta que no tenía derecho a reprocharle nada.
