Explore "De sobremesa; crónicas 4" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
El señor obispo de Jaca es de incesante actualidad. Los cronistas le deben un homenaje de gratitud. Su último grito es un llamamiento á las plumas ociosas -- no confundirlas con las ociosas plumas; de dormir son éstas, y aquéllas de no dormirse. -- El señor obispo tiene por lema: «A Dios rogando y con la pluma dando». Si en su mano estuviera proponer alguna inusitada advocación, en todas las iglesias de la cristiandad tendría especial culto Nuestra Señora de la Rotativa. Es de agradecer este singularísimo aprecio á las letras periodísticas. Pero ¡ay! en vez de tocar llamada á las plumas, ¿no fuera más pertinente llamar á los bolsillos? ¿A qué están las plumas? No, no es: «¡El que sepa escribir, que escriba!», lo que hay que gritar. «¡El que pueda pagar, que pague!» Ahí está el toque, el verdadero toque de llamada. Todos nos lamentamos de la indiferencia general, nadie se apasiona por una idea, todas ellas están indefensas: las religiosas, las antirreligiosas, las políticas y las artísticas. Y es que ¡está todo tan mal pagado! La literatura, en general; la periodística, en particular, no halla mejor recompensa que la de ser retirado de ella para ocupar algún puesto oficial. No hay mejor premio para los que valen; de donde resulta que los premiados, son baja por ascenso; los que quedan, baja por inútiles, y los postergados por la soberbia ajena ó la modestia propia, baja por desilusión y desmayo, por falta de esa interior satisfacción tan necesaria en todo militante. Si el periodismo fuera por sí mismo un buen fin, y no un medio para otros fines, nadie cambiaría su puesto de honor en el combate por otros puestos que han de quedar indefensos al faltar los mejores para defenderlos. Entre los que van de pasada, con la ambición más alta, y los que á nada pueden aspirar, ya desesperanzados, las ideas quedan á merced del enemigo, abandonadas como impedimenta. Menos cargos políticos y mejores sueldos. Así habrá menos impaciencias y menos desfallecimientos. ¡El que pueda pagar, que pague! Veremos entonces cómo todo el que sepa escribir, escribe. Procure, procure el señor obispo de Jaca conmover el bolsillo de los fieles, funde un periódico, pague á los periodistas con sueldo de obispo y verá leones defendiendo los obispados. Con 25 ó 30 duros al mes, ¿qué ha de hacer el redactor del periódico más piadoso sino ayudarse y defenderse escribiendo algún entremés para el Salón Madrileño, sin licencia del ordinario? Y ¿qué ha de hacer el redactor del órgano más revolucionario más que escribir los gozos á unas monjitas, si se los encargasen? ¡Felices los que ignoran lo que pueden pesar 25 pesetas sobre nuestras convicciones más íntimas y nunca hicieron traición á una idea por menos de dos ó tres millones!
Las tiples han dado en fugarse. Es el modo más delicado de participarnos su efectuado enlace, que no sería bien anunciar más claramente. Hoy todo se anuncia, hasta las defunciones de la virtud; para las que está más indicado que en ninguna otra el: «Se suplica el coche».