Explore "Nació de noche, fue anunciado de noche" by Jorge Mario Bergoglio on Textopian. Read with annotations and highlights.
Nació de noche, fue anunciado de noche a "unos pastores que vigilaban por turno sus rebaños" (Lc 2, 8), se encolumnó con "el pueblo que caminaba en las tinieblas. ", con "los que habitaban en el país de la oscuridad" (Is 9, 1). Y fue luz, "una gran luz" (Is 9, 1) que se vuelca sobre la densa tiniebla, luz que lo envuelve todo: "y la gloria del Señor los envolvió con su luz" (Lc 2, 9). Así nos presenta la liturgia de hoy el nacimiento del Salvador: como luz que rodea, penetra, toda oscuridad. Es la presencia del Señor en medio de su pueblo, presencia que destruye el peso de la derrota, la tristeza de la esclavitud y planta la alegría. "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor" (Lc 2, 10-11). "Les ha nacido": si nace para todo el pueblo, nace para toda la historia en camino, nace para cada uno de nosotros. No es un aviso en Notas Sociales. Se trata de un anuncio que toca el núcleo mismo de la historia y pone en marcha otro modo de andar, otro modo de comprender, otro modo de existir: andar, comprender, y existir junto a "Dios con nosotros".
Pasaron muchos siglos desde que la humanidad comenzó a oscurecerse. Pienso en aquella tarde en que se cometió el primer crimen y el cuchillo de Caín segó la vida de su hermano (Gen 4, 8). Pasaron muchos siglos de crímenes, guerras, esclavitud, odio. Y aquel Dios que había sembrado su ilusión en la carne del hombre, hecho a su imagen y semejanza, seguía esperando. ¡Las ilusiones de Dios! Motivo tenían para desaparecer. Pero Él no podía, estaba "esclavizado", por decirlo así, a su fidelidad, no podía negarse a sí mismo el Dios fiel (2 Tim 2, 13). Y ese Dios seguía esperando. Sus ilusiones, enraizadas en su fidelidad, eran custodiadas por la paciencia. ¡La paciencia de Dios frente a la corrupción de pueblos y hombres! Sólo un pequeño resto "pobre y humilde, que se refugiaba en el nombre del Señor" (Sof 3, 12) acompañaba su paciencia en medio de las tinieblas, compartía sus ilusiones primeras.