Subcapítulo 5
Parte 3: Tercera Parte · Capítulo 2: Casado Confesor y Consejero
SUBCAPÍTULO V
Subcapítulo 5Visible text2 paragraphs
¡Virgen Sacratísima del Sagrario; santos gloriosos Ildefonso y Eugenio; Leocadia y Casilda, mártires benditas; Cristo Tendido, Santiago caballero y Pedro guardián de las puertas celestiales, todas cuantas imágenes pobláis la sacra iglesia toledana, sin excluirte a ti, San Cristóbal granadero, que tocas el techo con las manos: acudid en auxilio de vuestra fiel parroquiana Felisita, que no sabe a cuál de vosotros encomendarse, tan trastornada entra en vuestra casa, a la hora de vísperas, aún no repuesta de la impresión que le causara lo que oyó aquel día pegándose a la vidriera! Y tan nerviosa salió de su casa, que sus pies no acertaban a fijarse en el suelo, y al pasar bajo el arco de Palacio, en el momento de sonar la campana gorda, se llevó ambas manos a la cabeza, pensando que la torre se le iba encima poniéndosele por montera. Atormentada por la dispepsia, sentía sus ardores como si se hubiera tragado el anafre de la plancha con fuego y todo.
Pues ahí era nada en gracia de Dios lo que escuchado había. Casiano, aquel bruto bargueño de lucida estampa y entendimiento caballar, quería casarse con una que fue de cáscara amarga. ¡En el nombre del Padre, del Hijo.! Mas no era esto lo peor entre los horribles descubrimientos de aquel día, sino que. la ninfa de Casiano había sido antes ninfa de D. Ángel, el que estudiaba para cura. Una de dos: o se hundía el mundo, o amenazaba caer sobre Toledo otro cólera como el del 84. Intentó rezar. ¿Pero quién rezaba con aquel barullo dentro del cerebro? Se volvió medio loca recordando uno de los más inverosímiles detalles de la confidencia pescada. El animal de Casiano amaba a su novia ¿por qué creerán ustedes? ¿Por bonita? No. ¿Por honesta? Menos. Pues ¿por qué? Por flaca. Se había prendado de los huesos. ¿Cuándo se vio capricho más extravagante? Los esqueletos, o las esqueletas estaban de enhorabuena.
