Ángel Guerra coverSubcapítulo 13
Subcapítulo 13

Parte 3: Tercera Parte · Capítulo 3: Caballería Cristiana

SUBCAPÍTULO XIII

Subcapítulo 13Visible text2 paragraphs
Conviene indicar que Zacarías se humanizó. Después de tres días de ausencia de la casa conyugal, apareció una mañana con semblante sombrío, extenuado y soñoliento, cual si hubiera sufrido largas vigilias o si acabara de realizar enormes esfuerzos corporales. No se hallaba Guerra en la casa cuando entró, y sí Mancebo, que tuvo más miedo que vergüenza y no sabía qué decirle. El desdichado armero pareció interesarse por su mujer, mostrándose solícito con ella ¡a buena hora! y pesaroso del abandono en que la había tenido. Con Ángel estuvo receloso y como avergonzado, balbuciendo excusas, alabando fríamente lo que en su ausencia se hizo, y prometiendo enmendarse y cuidar de su familia como era su obligación. Bien se le conocía que le encantaba no tener que recurrir a su flaco bolsillo para las distintas necesidades que surgían. Creyérase que brujas o duendes trasteaban en la casa. Llegar y encontrarse la comida pronta, y ver que nada faltaba, nada, y que los suministros de plaza y botica entraban como por mano de los ángeles. vamos, parecía cosa de milagro. ¡Lástima que tal estado de bienandanza no fuese definitivo! Porque despedido de la Fábrica por faltón y pendenciero, ¿cómo resolvería el problema vital cuando su mujer se pusiera buena o se muriese, que una otra solución habían de ser el desdichado término de aquella Jauja?
Siempre metido en sí, glacial y adusto, echaba largos párrafos con Ángel, en que éste se lo decía todo, y el otro apoyaba o contradecía ligeramente con frases cortas. Pero una noche, hallándose los dos en la sala, después de cenar juntos, mostrose el forjador de aceros más comunicativo, y puso en sus palabras un interés y calor enteramente nuevos en él para los que de poco tiempo le trataban.