Ángel Guerra coverSubcapítulo 1
Subcapítulo 1

Parte 3: Tercera Parte · Capítulo 6: Final

SUBCAPÍTULO I

Subcapítulo 1Visible text2 paragraphs
Confuso y trastornado salió D. Pito de Guadalupe una mañanita, trazando eses con su planta insegura, y encaminose al monte como alma que llevan los demonios. Y no era la desgracia de sus amores el único motivo de aquel singularísimo estado cerebral, sino otras cosas inauditas que le pasaban, fenómenos subjetivos, desórdenes del sistema nervioso y del órgano de la vista. «Razón tienen -pensaba-, los que dicen que el abuso del empinar ataca las potencias intelectuales, y hace un lío de toda esta mecánica que tenemos en la sesera. ¿Qué es lo que me pasa, Señor de los Ejércitos de mar y tierra, Virgen del Carmen saladísima, que desde anoche acá no hago más que ver visiones? ¿Será que me voy a morir? En mis mayores borrascas de ginebra o ron, siempre conservé claro el sentido; jamás vi lo blanco negro, ni me salieron fantasmas».
El caso fue que la noche antes, habiendo entrado en la cocina con una regular estiva de alcohol en su estómago, vio a dos hombres que le parecieron sus sobrinos Arístides y Fausto. El primero no era exactamente el mismo, sino una falsificación imperfecta, pues no tenía barba, y vestía de un modo muy estrambótico: el segundo sí que era pintiparado, con su patita coja y su cara de granuja. Quedose atónito al verles, y se echó en un banco donde solía descabezar las monas antes de acostarse a dormirlas. Entreabriendo los ojos, atisbaba a los dos sujetos, que tuvo por almas del otro mundo evocadas al calor de su propia substancia alcohólica. ¡Cosa más rara! Ellos le miraban también, tumbados sobre esteras en el rincón de enfrente, y se reían los muy.