Guardia blanca by Sir Arthur Conan Doyle — Read

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PASABA el sendero entre corpulentos y elevados árboles, cuyas ramas formaban en muchos puntos verdes arcos sobre el camino, recubierto de hierba y hojas secas. Pocas personas solían recorrerlo y el silencio era completo; una sola vez oyó Roger á lo lejos el agudo ladrido de los perros de caza.

No sin alguna emoción recordaba el viajero que todo aquel bosque y gran parte de las tierras colindantes habían pertenecido un día á la entonces poderosa familia de Clinton. Conocedor de la historia de su casa, sabía que descendía de aquel Godofredo de Clinton, señor de las villas de Munster y Bisterne cuando los normandos posaron por primera vez la planta en territorio inglés. Pero las vicisitudes de la época privaron á sus descendientes de gran parte de aquellos dominios y por fin les fué confiscado el señorío de Bisterne en provecho del patrimonio real, por complicidad de uno de los Clinton en un alzamiento sajón. Las depredaciones de grandes señores feudales siguieron aminorando la propiedad, y no menos la redujeron algunas donaciones á la iglesia, como la hecha por el padre de Roger, que abrió á éste las puertas de Belmonte. Convertido aquél en arrendatario de Belmonte, ocupó hasta su muerte la antigua casa señorial de Munster, habitada ahora por su hijo mayor, á quien dejó encomendado el cultivo de dos granjas y la propiedad de algún ganado y parte del bosque. No ignoraba Roger que á pesar de la decadencia de la familia, su hermano Hugo ocupaba todavía una posición independiente y de relativa importancia en la comarca, y contemplaba con orgullo aquellos gigantes del bosque perteneciente por tantas generaciones á los Clinton de Munster. Absorto en sus recuerdos, sorprendióle la repentina aparición de un hombre vestido como los campesinos del país, alto y vigoroso, que le interceptó el paso enarbolando largo y nudoso bastón.

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