Explore "El sabor de la tierruca" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
El domingo siguiente, después de misa, hubo en el local de la escuela, debajo de la sala consistorial, una concejada como no se había visto en todo el año. Sabíase de qué se iba á tratar en el concejo de aquel día, y faltaron contadísimos vecinos. Don Valentín llegó de los primeros, apenas se oyó el tran, tran, tran de las campanas. Juanguirle, rodeado de sus concejales, ocupó la presidencia en el sitial del maestro; manifestó el objeto de la reunión, y hasta aventuró un discursillo encareciendo las ventajas de las derrotas, mientras las gentes, como sucedía en Cumbrales, no supieran dar á las mieses destino mejor, desde noviembre á marzo; invocó, en apoyo de su parecer, la ley de la costumbre, tan vieja allí como el mundo (pues no había prueba de lo contrario), y sometió el caso al acuerdo, que había de ser unánime, de sus administrados, para dar así debido cumplimiento á lo mandado «arriba.»
El discurso alcanzó la aprobación del concejo, exceptuando á don Valentín, que se levantó airado de su asiento para llorar los males de la patria y los peligros de la libertad. Puso todo este lacrimoso cuadro enfrente de la criminal indolencia de sus convecinos, «amenazados día y noche por el azote afrentoso del perjuro,» y concluyó diciendo: