Explore "Gonzalo González de la Gonzalera" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Así las cosas, llegó el día de San José, y Gorión adornó sus novillas con los collares que le prestó don Román, mientras éste preparaba también las suyas para el gran concurso con no menores galas y atildaduras. Y en verdad que los cuatro animales lo merecían. Eran de casta suiza cruzada con la tudanca montañesa, que es tanto como decir que tenían el pelo gris, los anchos y las carnes de la primera, juntamente con el garbo y la gallardía de la segunda. Había, no obstante, notables diferencias de detalle entre las cuatro, ya en las ojeras, más o menos claras; en el lomo más o menos corrido; en el gris del pelo, más o menos lavado, etc, etc. Pero éstas y otras diferencias, como la de edad, sólo podían apreciarlas los inteligentes: los curiosos, como el lector y yo, no veían en aquellos animales, caminando hacia la feria, más que cuatro alhajas, modelos de hermoso ganado.
Habían convenido don Román y Gorión en no vender para carne a ningún precio (de casa del primero no salía jamás una res a la carnicería), y en pedir mucho hasta última hora, con el fin de recoger la mayor suma posible de ofertas. Concluídas éstas, se compararían unas con otras y se deduciría la diferencia. No se olvide que la apuesta se había hecho con la mejor novilla de Gorión y la menos buena de las de don Román. Éste se resignó a quedarse en casa, para que no se creyera que su presencia en la feria podía influir en pro de sus novillas, quitando a los compradores la libertad de regatear a su gusto: un criado inteligente le representaba al lado de Gorión.