Oros son triunfos by José María de Pereda — Read

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No sé si don Serapio había leído tanto como su mujer en los corazones de su hija y de su sobrino; pero lo cierto es que si no lo había leído, deseaba leerlo. Acaso en el mismo instante en que éstos se descubrían los misterios más ocultos de sus almas, acariciaba el atribulado comerciante, paseándose maquinalmente a lo largo de su gabinete, planes que podían llegar a ser el mejor complemento real y positivo de aquellas candorosas ilusiones.

Veía que sus fuerzas físicas iban debilitándose a medida que se agravaban sus padecimientos morales, y la suerte seguía mostrándosele esquiva. Entre tanto carecía de resolución para establecer radicales economías en su familia, y no creía fácil ni conveniente, por razón de crédito, apelar a medios extremos para sacar sus negocios de las apreturas en que habían caído mucho tiempo hacía, ni se le ocultaba que aquella situación tenía que resolverse más tarde o más temprano en el sentido a que venía inclinándose. El trabajo constante quebrantaba de hora en hora su naturaleza física, y el reposo le era indispensable; pero ¡en qué ocasión! y si la extrema necesidad le obligaba a retirarse, ¿en quién depositaría aquella carga pesada? El viejo tenedor de libros, tan diestro en hacer números y renglones casi de molde, carecía de toda iniciativa para conducir por sí solo los negocios más claros y corrientes, cuanto más para llevar a seguro puerto aquéllos que venían entregados, en frágil y desmantelada nave, a tantos y tan encontrados huracanes. Los otros dos dependientes ya hemos visto que eran meros instrumentos mecánicos de escribir y de copiar. César era el único entre todos que, por su precoz inteligencia, por su asiduidad y por su adhesión decidida a todo lo que era de la casa, podía encargarse de la dirección de ésta; pero más adelante, porque era todavía demasiado joven. Y así conducido por una muy lógica asociación de ideas, llegó a pensar en el porvenir de su casa, dado que lograra sacarla del conflicto en que se hallaba, y en el de Enriqueta, tan problemático a la sazón.

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