Explore "Pedro Sánchez" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Parecíame que no había en la calle bastante aire para mí, ni el espacio que yo necesitaba para dar ejercicio a los músculos del cuerpo entumecido. Noté que éramos pocos los transeúntes en aquellos barrios, y que todos marchábamos en la misma dirección, hacia el centro de Madrid; bastante gente asomada a los balcones, y casi todos los tenderos arrimados a sus puertas; pocas conversaciones, mucha boca abierta y mucho taconeo; lejano son de campanas, y ni un soldado ni un polizonte al alcance de la vista.
Llevaba yo el propósito de ir, ante todo, a la redacción de El Clarín, no tanto por el deseo que tenía de abrazar a mis compañeros y amigos, cuanto por adquirir cabal noticia de lo que estaba pasando; y cruzando calles y calles, siguiendo el indicado rumbo, vime en la del Príncipe, donde los arroyuelos de atrás íbanse convirtiendo en río de gente, murmurador o inquieto como todos los ríos, pero no impetuoso ni desbordado. Algún inocente gritó a la libertad; el resonar de los golpes descargados sobre el cajón o caseta de la policía, de la vecina plaza de Santa Ana, por cierta clase de ciudadanos que se entretenían en hacerle astillas; tal cual hombre armado de chafarote y fusilón de chispa; muchas gentes a las puertas de las casas; luces en varios balcones; saludos a gritos, apretones de manos y cosas tales; y como curiosidad y acontecimiento verdaderamente notable, un miliciano nacional con el uniforme de la del 43, con su llorón de cerda roja, cayendo por la chapa abajo de su morrión formidable.