Sotileza by José María de Pereda — Read

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Perfectamente, señor don Pedro; todo lo que usted me cuenta, todas las noticias que me da, junto con los resultados obtenidos, prueba de nuevo que la Montañesa es una finquita más que regular; en lo que no tiene poca parte la mano de su administrador, que la trae y la lleva por esos mares de Dios con una suerte rara. Verdaderamente tiene usted mano de ángel. Hasta los huracanes, una vez empujándole y otras deteniéndole, parece que están á su servicio, á fin de que el buque llegue á puerto en hora de sazón para el negocio de la casa. Que siga unos cuantos años todavía alumbrándole tan buena estrella, y. Á propósito de azares de la mar: ¿persiste usted en hacer marino al único hijo que tiene?

Decía así don Venancio Liencres, comerciante rico y armador de la Montañesa, hablando con su capitán, al día siguiente de lo narrado en el capítulo anterior, en el triste y empolvado departamento señorial del mezquino escritorio que tenía en el entresuelo de una casa del Muelle. Rato hacía que estaban solos allí los dos: el comerciante, mal vestido y peor sentado en el sillón de paja de su pupitre, sobrecargado de fajos de cartas sin contestar y de muestras de azúcar, harinas y cacao, y el capitán en el sofá roñoso de enfrente, debajo del retrato de la Montañesa, igual al que tenía él en su casa, y de un papel con los Días de correo á la semana, clavado en la pared con tachuelas amarillas, sobre un ribete de ligueta encarnada.

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