Explore "Las dos Gracias" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
No es nuestro propósito seguir en todas las fases y pormenores de la vida pública a las personas que hemos presentado, sino en aquellas de la vida íntima y privada que se enlazan con el asunto que bosquejamos. Basta saber que Ramón había llegado a Madrid, y que había sido recomendado de una manera especial y activa a un ministro por el personaje a quien había escrito el marqués de San Adrián; que éste le dio un modesto empleo, al que renunció por mezquino poco después.
Dejando pues a Ramón por dos años, que empleó en Madrid con bastante provecho, gracias a su travesura, volvamos a encontrarle en ocasión de haber venido a Sevilla y pasado a Carmona a ver a su familia. Aunque su viaje no había tenido esta visita por objeto (pues cuando la cabeza lo absorbe todo el corazón queda muy postergado), sintió el más intenso placer al hallarse entre los suyos; pero se mezclaba a este placer una dolorosa compasión al hallar a su madre siempre inmóvil y postrada, envejecida de muchos años en los dos que habían trascurrido, delgada a un punto que parecía incompatible con la vida, y tan pálida, que cuando cerraba sus dulces y serenos ojos se la habría creído cadáver. Su hermano Manolito seguía macilento y enfermizo, y entre ambos estaba Gracia, formada, embellecida, como un sereno y despejado mediodía entre una débil y nebulosa aurora, y un triste y nublado ocaso.