Explore "Las dos Gracias" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pocos días después estaba Ramón en casa del maestro López. Este, como ya se ha dicho, había prosperado, y en ese desnivel general y rápido, hijo de nuestra era, y que sería inconcebible en tiempos normales, habíasele visto subir sin divisar en qué escalones asentaba sus pies; de la misma manera que a otros se les ve bajar sin que se descubra la rápida pendiente por la que se despeñan. En ambos casos, tienen por lo general más parte las circunstancias de la vida pública, y la marcha de la época que los empuja, que la acción de los individuos; pero por lo regular se ensalza al que medra y prospera, y se le adjudica el galardón de buena cabeza, así como al que decae y tiene mala suerte, se le culpa, porque no se toma para juzgar más regulador que el éxito. Falta tiempo y falta equidad al mundo para formular sus fallos; los fabrica al vapor, que es el método por el cual se va haciendo todo en este siglo de las luces, como modestamente se califica a sí mismo.
El maestro López había empezado por comprar la casa que vivía. Después había levantado sobre el bajo un cuerpo alto, en el que dispuso una sala de estrado, para la que compró en Sevilla buenos muebles, entre los cuales sobresalían dos butacas talladas y con muelles, que le habían costado cien duros cada una; un espejo diminuto, que costó solo media onza, y el retrato suyo y de su mujer, al óleo: dos estupendos mamarrachos dignos de los originales, pero colocados en soberbios marcos tallados y dorados.