Explore "Las dos Gracias" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cinco años después estaba Ramón un día en su despacho, cuando se abrió la puerta y dio entrada a una persona que con pausa, pero con cordialidad, se adelantó a saludarle. Realzaba la bella presencia del introducido una elegancia de porte y de maneras que unida a una dignidad sencilla y a una afabilidad natural, pero reservada, infundían tanto agrado como consideración. Puede que en otras circunstancias se hubiese hallado en el sujeto que presentamos algún retraimiento, debido mucho más a la desconfianza en el trato que a orgullo personal; pero en este momento se franqueaba abiertamente, y cuando Ramón se levantó Para ir a su encuentro exclamando: ¡Alfonso! ¡tú en mi casa! le contestó estrechando su mano:
-Y más afortunado que he sido en la mía, te encuentro en ella, cuando tú a mí no me has hallado.