Explore "Vulgaridad y nobleza" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
En el antes descrito estado, entró en el dominio de su nuevo dueño la hacienda de la Paz, que los herederos de su joven amo, muerto en la guerra de la invasión de Napoleón, le vendieron. Pero un año después, nadie la hubiese reconocido; tal era la transformación que en ella había obrado el hábil y acertado restaurador don Anacleto Ripio
Veíase ahora el caserío deslumbrado con el descarado y económico blanco de la cal; admirábanse sus grandes y pesadas rejas negras, pintadas de un verde del mes de Abril, como viejas compuestas; habíase achicado su grandiosa portada, porque, ruinosa como estaba, habría ocasionado un gasto tan cuantioso como inútil consolidarla, habiendo quedado sólo los dos pilares y caja de umbral, necesarios a la sujeción de la puerta, lo que le daba, cuando ésta se hallaba abierta, la amena y pintoresca apariencia de una horca. Había quedado, por consiguiente, suprimido el nicho y la imagen de Nuestra Señora de la Paz que contenía, la que fue recogida con gran devoción por la familia del capataz, y colocada en su habitación en una urna de caoba y cristales, que imponiéndose gozosa mil privaciones, le costeó. El nombre de la Paz, que de dicha efigie tomó la hacienda, había sido substituido por el de La Abundancia, que simpatizaba más a su nuevo dueño, que lo había mandado escribir en el umbral con humo de pez, sobre la quebradiza superficie de la cal. Las armas del dueño anterior, esculpidas en mármol y colocadas sobre la puerta de la casa, se habían quitado, porque, daban, al parecer de don Anacleto, un aire de antigüedad y vejez nada ventajoso al edificio, y gravaban sus muros con innecesario peso