Tres senas, dos ases by Abraham Valdelomar

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Aquella tarde no pude pensar en otra cosa. Una extraña sensación indescriptible me invadía. Yo iba a disputarle la vida a Tomy. ¿Pero qué hacíamos nosotros, sin ninguna esperanza de tener cincuenta millones de dólares?. Pero, por otra parte, yo sabía que mi vida sería una tortura sin el dinero que consideraba necesario. Tomy sufría horriblemente con esta idea. Habíamos perdido el buen humor, y esto es lo último que perdemos los norteamericanos. Ya nada nos interesaba. Teníamos la fiebre obcecadora del dinero. Fuera de él nada era suficiente para nosotros. Se ofrecía un medio de salir de ese estado de dudas. En caso de perder, moriría. Si ganaba, sería millonario. No tenía familia. Todo para mí era Tomy, desde que murió mi novia, Nelly. ¿Por qué no aceptar?. Rechazar la propuesta era dar una prueba de cobardía y hasta de egoísmo. Porque si mi vida podía servir para labrar la felicidad de Tomy, no debía omitir esfuerzo en conseguirlo. Concurrí pues al Manhattan. Allí me esperaba Tomy.

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