Las hijas de los faraones by Emilio Salgari

Explore "Las hijas de los faraones" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.

Como ya se ha dicho en otras ocasiones, en la época de los Faraones los gatos y especialmente las gatas, eran considerados como animales sagrados, los más venerados de todos, incluso mucho más que los ibis. Todo el pueblo egipcio, tanto del Bajo como del Alto Nilo, tenía una veneración extrema por estos cazadores de ratones e incluso había templos dedicados exclusivamente a esos graciosos felinos, donde se mantenía a millares de ellos. El fanatismo por ellos llegaba a tal extremo que, cuando ocurría algún incendio, se dejaban morir quemadas personas pero se salvaba a toda costa el gato de la casa. Por otra parte los protegían leyes muy severas. Cualquier súbdito que hubiese dado muerte a uno, aunque fuera accidentalmente, era condenado a muerte sin escapatoria posible. Se cuenta sobre esto que después de la conquista de Egipto por parte de los romanos, cierto día un ciudadano preso de cólera había dado muerte a uno, lo que motivó entre la población un motín de tal envergadura que puso en serio peligro a las legiones romanas y obligó al gobierno de Roma a enviar tropas para sofocarlo. Cuando moría un gato, de muerte natural se entiende, los egipcios lo embalsamaban y lo enviaban, según ya se ha dicho, a hacer compañía a los Faraones y a los personajes importantes sepultados en las pirámides o en los inmensos mausoleos de las familias mas distinguidas. Sus efigies se encontraban por doquier: en las fachadas de los templos, en los monumentos, en los obeliscos. Las mujeres los empleaban además para decorar sus objetos de tocador, en los vasos que contenían perfumes y en sus joyeros. Pero lo que sorprende todavía más es que, aunque el gato ya no se adore en la actualidad entre los egipcios, ni sea considerado un animal sagrado, los árabes actuales y los mismos egipcios le tienen en gran consideración. Sin embargo los musulmanes no han tenido nunca un dios gato ni una diosa gata. En la actualidad en El Cairo se destina anualmente una cierta cantidad para abastecer a los gatos hambrientos y la gran caravana que se dirige cada año a la Meca va siempre acompañada de una vieja que lleva sobre su camello una carga de aquellos felinos y que debido a ello es llamada "la mamá de los gatos". Existen incluso personas que dejan su herencia, bastante grande a veces, a los numerosos gatos hambrientos del país.

No había por consiguiente nada de extraordinario en la llegada de aquella barca llena de cestos, que al principio tanto había alarmado al desconfiado Ata. La demanda de gatos era siempre muy abundante en Menfis y el comercio era muy floreciente, razón por la cual muchas barcas llegaban anualmente procedentes del Alto Egipto para hacer recolección entre los nubios a fin de que los templos tuviesen un número considerable de aquellos felinos.

Reading navigation