Explore "Dimitas Arias" by Tomás Carrasquilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
En aquella escuela sui generis, la disciplina era cosa desconocida, claro está. Novillos hubo hasta de semana entera; en la clase misma, fuese por acción o por omisión, casi todos se salían con las suyas, si bien los chuzones y latigazos lograban tal cual vez meter en cintura, siquiera por un día, a más de un revoltoso.
Pero en la época en que lo presentamos, el Maestro estaba ofuscado con un diablo de muchacha que le tenía perdida la escuela, y a quien, por motivos especiales, no podía dar pasaporte, pues era nada menos que Carmen, la de la muestra inglesa, hija del difunto Aguirre, el de la cacha de aguardiente, y de su vecina Encarnación, vecina a quien él debía muchísimos favores.