Explore "La honrada" by Jacinto Octavio Picón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Estaba la mañana fresca y apacible. Los álamos del huerto se movían blandamente, y confundido con el monótono son del roce de su ramaje se oía el canto de los pájaros. Una bandada de palomas revoloteaba en torno de la casa, y cuando el aire arreciaba un poco se percibía el rumor que, al doblegarse, producían los cañaverales cercanos al río. Susana, seguida de la doncella y recién terminado el almuerzo, salió al jardín con una canastilla de la que desbordaban dos o tres madejas de lanas de colores y unos largos ganchos de madera necesarios para la labor que traía entre manos. Pasó un rato mirando a un criado lugareño que con un escardillo iba limpiando el suelo de yerbas malas, y luego dijo a la doncella:
-Ponme la silla de tijera junto al emparrado del pozo.