Explore "La honrada" by Jacinto Octavio Picón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Conjeturando Plácida que la doncella de su madre habría también avisado al doctor Mora, envió recado a casa de éste para salir de dudas, y la respuesta que dieron los criados confirmó su sospecha, tranquilizándola relativamente porque Perico debía estar ya a la cabecera de la enferma. En cambio, al pronto le desagradó sobremanera la idea de encontrársele en el pueblo y la necesidad de celebrar entrevistas con él; acaso tendrían que dormir bajo el mismo techo, o velar juntos largas horas.
Hubo un momento en que estuvo a punto de no moverse de Madrid. Pero, ¿y su madre? Además, ¿no estaba ella segura de sí misma? ¿Qué le podía importar verse obligada a hablar con él? Perico, tan noble, tan decente. ¡No!, a nada se atrevería; si las palabras de amor se le venían a los labios, se las tragaría. como ella sofocaba los pensamientos tentadores.