El cura de vericueto by Leopoldo Alas — Read

Explore "El cura de vericueto" by Leopoldo Alas on Textopian. Read with annotations and highlights.

"En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Yo, Tomás Celorio, cura párroco de Vericueto, quiero que valga como testamento mío, en que dejo declarada mi última voluntad, este que firmo y redacto por mi propia mano en esta forma tan diferente de las usadas para tales casos, pero no menos válida si hay justicia en la tierra. -No dejo el cuerpo a los gusanos, que ya ellos se lo tomarán sin mi permiso, como cosa muy suya que es; ni dejo el alma a Dios, que fuera dejarle lo que nunca fue mío y siempre de Su Divina Majestad, como Él probará con mandarla adonde a su Justicia convenga. Lo único mío es este montón de papeles, entre los cuales se encontrará este mi testamento, junto todo ello en un arca, si antes algún ladrón, engañado por la fama falsa de rico de que me ha cargado la malicia, no entra en él escondite del supuesto tesoro que guardo bajo la cama, y con la ira del desencanto destruye todos esos documentos para él inútiles, y que para mí representan el descanso de mi vejez, la paz de mi conciencia, y el rescate de mi pundonor ultrajado. Pues esto de que dispongo, y que ha de ser todo lo mío, si se liquida bien mi herencia, y se compara justamente el debe y el haber que dejo a la hora de mi muerte, quiero que sea de la propiedad de D. Gil Higadillos y Fernández, filósofo y maldiciente de profesión, mi buen amigo a pesar de todo, y que ha de tener un buen sentir antes de verse en el trance por que yo habré pasado cuando esto se lea, y morirá en el seno de mi Santa Madre la Iglesia, según a Dios le pido en mis frecuentes oraciones.

Es asimismo voluntad mía que ese montón de papeles bien doblados no sea registrado sino después de que este mi testamento sea leído por las personas a quien dé el encargo de que apenas yo cierre el ojo abran el arca, que tengo debajo de mi cama y se enteren, ante todo, del contenido del primer documento que encuentren, que será este, si la ajena codicia no me revolvió los papeles.

Reading navigation