Chamijo by Roberto Jorge Payró — Read

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Codo con codo entró Chamijo en Lima. Don Leoncio de Mendoza, que esto supo, trató de salvarlo y puso en juego cuanta influencia tenía, agradecido a su generosidad para con él -aunque fuese aparente-, porque gracias a ella había entablado fructuosas relaciones con el virrey, que lo protegió en calidad de asociado suyo y deudo de su noble antecesor. Don Antonio de Leiva, víctima de los primeros desahogos de su padre, que le trató de inocente, de crédulo y de tonto, muy humanamente olvidado de que tan tonto, inocente y crédulo había sido él -con las agravantes de su mayor experiencia y responsabilidad-; don Antonio, decimos, pidió misericordia para el pecador, según él más iluso que culpable. Pero el virrey no cedió ni a ése ni a otros ruegos, y cansado de recomendaciones, súplicas e importunidades, cortó por lo sano haciendo embarcar a Chamijo, bajo segura custodia, en el puerto del Callao, y enviándolo -algo como castigo y mucho como venganza- al presidio de Valdivia, en los despoblados de Chile.

El alcaide, Bento da Souza, aventurero portugués, recibió junto con la persona de Chamijo la orden vicerreal de tratarlo severamente como reo de graves delitos (apropiación de dineros de la corona, depravación de costumbres, desconocimiento de la autoridad del virrey, corrupción de tropas bajo su mando y, tras de otros cargos, el crimen de lesa majestad de sedición para crear un nuevo reino -decían las instrucciones muy secretas) y cumpliendo la orden, encerró al infeliz en el peor de los calabozos, mientras la mayoría de los penados, mucho más criminales, no lo pasaban del todo mal. salvo los rudos trabajos a que se les sometía, las sórdidas pocilgas que eran su vivienda, la escasa y a menudo nauseabunda comida, la ausencia de todo contacto con el resto de la humanidad, la casi imposibilidad de huir, a causa de las cadenas, el desierto, el mar y el régimen de vara y vergajo, que servía tanto de estímulo si la fatiga los rendía cuanto de castigo si olvidaban algún precepto reglamentario.

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