El falso inca by Roberto Jorge Payró — Read

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Desde aquel día Bohórquez y Carmen se multiplicaron, sin contentarse con enviar mensajes y chasques, pues recorrían personalmente pueblos y aldeas en son de propaganda. Luis Enríquez no era ya el representante, sino el compañero y el segundo de Huallpa-Inca. Trabajaban a cara descubierta: el secreto tan admirablemente guardado por un pueblo entero, se abandonaba ya, como inútil. Bohórquez mostrábase públicamente en todas partes, y arengaba al pueblo.

-¡Vengo -decía siempre- a restablecer el bondadoso imperio y la justiciera ley de mis antepasados! ¡Sus nobles máximas serán mi única norma de conducta! -¡Sí! como el gran Pachacutec, os repetiré: «Cuando los súbditos y sus capitanes o curacas obedecen de buen ánimo al Inca, el reino goza de toda paz y quietud. -¡La envidia es una carcoma que roe y consume las entrañas de los envidiosos: el que tiene envidia de los buenos, saca de ellos mal para sí, como hace la araña al sacar su ponzoña de las flores! -La embriaguez, la ira y la locura corren igualmente, sólo que las dos primeras son voluntarias y mudables, y la tercera perpetua. -¡El que mata a su semejante, se condena él mismo a muerte! -¡De ningún modo se deben permitir ladrones, y los adúlteros que afean la fama y la calidad ajenas, y quitan la paz y la quietud a otros, deben ser declarados ladrones! -¡El varón noble y animoso es conocido por la paciencia que muestra en las adversidades! -¡Los jueces que reciben ocultamente las dádivas de los negociantes y pleiteantes, deben ser tenidos por ladrones!»

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