CAPÍTULO 14
PARTE 2: SEGUNDA PARTE
CAPÍTULO 14
CAPÍTULO 14Visible text2 paragraphs
Después de la visita al Estado Mayor del ejército de la estepa, Darenski se dirigió a una unidad desplegada en el flanco sureste del frente de Stalingrado, entre las áridas arenas del mar Caspio. Las estepas, con sus pequeños ríos y sus lagos, eran una especie de tierra prometida: por allí crecía la hierba, algún árbol ocasional, relinchaban los caballos.
Miles de hombres acostumbrados al aire húmedo, al rocío matutino y al susurro del heno estaban instalados en la desierta llanura de arena. Una arena que les azotaba la piel, se les metía por las orejas, rechinaba cuando masticaban el pan y el mijo; había arena en la sal, en los obturadores de los fusiles, en los mecanismos de los relojes, en los sueños de los soldados. Para un cuerpo humano, para la garganta, la nariz, las pantorrillas, la vida es dura aquí. En estas latitudes, el cuerpo vive como un carro que se desviara de una carretera y fuera obligado a rodar por un camino intransitable.
