Explore "Los anticuarios" by Carmen de Burgos on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al fin, animado por su mujer, Fabián empezó a efectuar aquellas compras arriesgadas en las que no había realmente peligro de un mal paso, porque quedaba resguardada su responsabilidad por la que alcanzaba a los vendedores que eran siempre, un administrador, un párroco y a veces un obispo, que consideraban las antigüedades como un lujo inútil, con cuyo importe se podían remediar necesidades urgentes.
Decían que era una necedad eso de conservar el tesoro artístico de España, y no era cosa de que los condenaran a morirse de hambre mirando sus alhajas inútiles. El Gobierno debía comprar por su valor y llevase a los museos lo que no quisiera que saliese de la nación, pero ellos tenían el derecho de vender lo suyo.