Explore "Gladys Fairfield" by Alberto Blest Gana on Textopian. Read with annotations and highlights.
La familiaridad entre los nuevos amigos vino pronto. El natural afable y exento de ceremoniosa pretensión de Katy Vickery sirvió de eficaz agente para establecer entre ellos desde el principio un tono de fino compañerismo que todos supieron usar con perfecta naturalidad, como gentes de refinada educación. Fue común dictamen que era menester emplear el tiempo lo más alegremente posible. Sobre esa base, un proyecto de excursiones a los más pintorescos lugares circunvecinos fue discutido y por aclamación puesto en práctica, sin pérdida de tiempo. Todos deberían contribuir al buen éxito de la empresa con un amplio contingente de buen humor. Inútil pareció estipular que dondequiera que fuesen, los hoteles más caros serían elegidos y los restaurantes más de moda puestos a contribución. Cuatro automóviles, de los que dos pertenecían a los Almafuente y otros tantos a los Fairfield, formarían el elemento rodante de las proyectadas correrías. La distribución de los sitios en esos carruajes sería variable según el agrado de cada cual. No se fijaba tiempo a la duración de ese convenio, ella dependería de las circunstancias y de la libre voluntad de los interesados.
Y así empezó para estos sectarios del modernismo elegante, esa existencia de agitadas emociones que con la invención y el uso de los automóviles ha transformado las condiciones de vida de la sociedad moderna. De esa improvisada asociación Katy Vickery era el alma. Acostumbrada, durante tres años, a recorrer los Estados de la Unión de un confín a otro acompañando a su marido en sus viajes profesionales, habíase formado una constitución inaccesible a la fatiga y un espíritu alerta para sacar partido de las circunstancias. Gracias a su genial dirección, que el voto unánime de los demás le había confiado, no pasó un día sin alguna excursión a los más interesantes sitios cercanos y aún a parajes distantes, donde los viajeros se veían obligados, a veces, a pasar la noche en alguno de esos lujosos hoteles que han hecho de la Suiza una hospedería universal.