Explore "Gladys Fairfield" by Alberto Blest Gana on Textopian. Read with annotations and highlights.
En vano había procurado Gladys, al salir de su conversación con Katy Vickery, imitar la serena resignación de su amiga, en presencia de la peligrosa situación en que sabía comprometido a Florencio. Sobreexcitada por la revelación de Katy acerca de la causa del viaje precipitado del Mayor Fairfield, irritada contra la suerte por la ausencia de Almafuente, la joven, turbado el normal funcionamiento de su espíritu, no se sentía dueña de sí misma. El inmediato porvenir la parecía un arcano henchido de amenazas; las insidiosas traiciones de la suerte eran ocultos enemigos empeñados en anular su acción, para conjurar la catástrofe probable. Apartada de la calmante influencia de Mrs. Vickery, su robusta organización moral sobrepúsose pronto a los consejos de la resignación, que le parecieron más bien un acto de cobardía. Fue en ese estado de ánimo y resuelta a luchar por todos los medios posibles, que bajó dos horas después al comedor. Fue también exasperada por la constante imposibilidad de hablar a solas con Almafuente, que después de la comida arrostró la observación de los otros para dar al joven la cita temeraria, en el corto diálogo al que ella misma puso fin, de miedo de arrepentirse, un instante después, de su loca imprudencia.
Pretextando cansancio, Rafaela se quedó muy poco rato más en el hall cuando su marido y Gladys volvieron del corto paseo. Katy la acompañó declarándose también cansada. Siguiólas Almafuente, bien a pesar suyo, después de despedirse de Gladys con perfecta naturalidad. Mr. Vickery condujo galantemente a Mrs. Fairfield hasta la puerta de la sala. Ella le tendió la mano, fingiendo un bostezo mal reprimido, y con terror de que el ingeniero llevase su galantería hasta querer hacerle una visita. Su deseo de encontrarse sola y de pensar sobre el paso decisivo en que, por un arrebato de impaciencia, se hallaba expuesta a comprometer para siempre su porvenir, había llegado ya en ella al grado de un superlativo enajenamiento.