El cautivo de Doña Mencía by Juan Valera — Read

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«Cuando te despedí pocos días ha desde el castillo, devolviéndote la / libertad y mandándote y exigiéndote que la recobrases, no tuve valor aún / para despedirme también de la esperanza de volver a verte en este mundo, / ¡oh mi dulce y joven amigo! Tomada estaba ya y escondida en el centro de / mi alma la firme resolución de no volver a verte nunca; pero no quise / decírtelo hasta ahora. Ahora que te lo digo, ahora que por última vez / voy a hacer que mi palabra llegue hasta ti, aunque sea desde lejos, Dios / habrá de perdonarme si me complazco en recordar mi extravío, no ya para / llorarle y lamentarle arrepentida, sino para deleitarme y glorificarme / con su recuerdo. Toda la austeridad de mi vida durante veinte años, todo / mi primer amor, suavemente conservado en la memoria con afán religioso y / puro como rescoldo del fuego sagrado entre las cenizas del ara, y mi / orgullo y el respeto debido al nombre que llevo y a mi decoro de honrada / y casta matrona, todo se desvaneció y falleció en mi alma al ver tu / rostro y al oír tus palabras, acaso desde la vez primera que me / hablastes. No creas que me ofusqué, que me cegué y que no comprendí / desde el primer momento la intensidad y la fealdad de mi delito y el / casi irresistible impulso que a cometerle me llevaba. Claro apareció en / mi conciencia el amor que me habías inspirado, y cuán abominable lo / hacía la gran diferencia de nuestra edad, más propia que para / convertirme en amiga o en esposa tuya, para prestarme, con relación a / ti, por manera espiritual, el casto y limpio carácter de madre.

»Yo, con todo, no supe resistirme. Fue mi pasión tan vehemente que, no / ya inútil, necia y vulgar me pareció la resistencia. Hasta en la misma / tardanza vi yo algo de mezquino y grosero que aparecía en mi mente como / frío artificio y estudiado melindre de mujer que anhela vender más caras / sus finezas y realzar más de lo justo el precio y valer de sus favores / retardando el concederlos. No extrañes, pues, que, vencida y rendida yo, / cayese desde luego en tus brazos sin defenderme, y te diese mi corazón y / fuese toda tuya.

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