Explore "Un siglo en un minuto" by Antonio de Trueba on Textopian. Read with annotations and highlights.
Era el día que siguió al del regreso de Sancho Martínez de Anuncibay a su noble solar. Ochanda, que había sido amorosamente acogida por su padre, había tenido sueños muy singulares la noche anterior, y llamo singulares a estos sueños, porque habían alternado en ellos las imágenes de la dicha con las de la desventura. Aquel gentil caballero, a quien con tanto disgusto había reconocido su madre, se le aparecía rodeado de encantos inefables, y a esta visión, que le daba a conocer en la tierra algo de las delicias que se había imaginado en el cielo, sucedía otra horrible, pero tan vaga, que consistía en una masa de negras sombras entre las cuales aparecía confusamente, repugnante y descompuesto por la ira, el rostro de un anciano que no tenía ni asomo de la benevolencia que comúnmente acompaña a la ancianidad.
Sancho entró en la cámara de Ochanda, donde a la sazón se hallaba doña Estíbaliz, y después de saludar a ambas con afabilidad, reclamó su atención, pues tenía algo grave que comunicarles, y anunció a madre e hija que el buen caballero Fortun de Mariaca le había pedido la mano de Ochanda y él se la había concedido, creyéndose muy honrado y ganancioso en ello, puesto que Fortun era caballero muy noble, y como deudo de los condes de Ayala, tenía muchos valedores, y lo sería poderosísimo de la casa de Anuncibay.