Read "Metamorfosis o el asno de oro" by Apuleyo online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
»Tendida sobre el tupido y fresco césped, Psiquis se sobrepuso a su profunda turbación y se entregó a un dulce descanso. Reanimada por un sueño reparador, se levantó con sosegado espíritu. Descubrió un bosque cubierto de altos y copudos árboles y en mitad de él una fuente de cristalinas aguas. En la ribera que sus aguas bañan se levanta un admirable palacio, no construido por mortales manos, sino con arte propiamente divino. Al ver su entrada, no cabía duda de que era la mansión de alguna divinidad, tanto era su esplendor y magnificencia. En efecto, el artesonado, esculpido artísticamente en marfil y naranjo, es sostenido por columnas de oro. Los muros están revestidos de bajo-relieves de plata, que representan fieras y otras suertes de animales. Esto es lo que aparece al visitante al llegar al umbral del palacio. Fue necesario un mortal de maravilloso talento, ¿qué digo?, fue preciso un semidiós, o mejor, una divinidad, para extremar de tal modo tan espléndida labor y para colocar, comunicándoles vida, tantos animales salvajes sobre tan gran superficie de plata.
El piso es un mosaico de piedras preciosas, divididas en infinitos trozos y decoradas con mil colores. ¡Qué placer tan exquisito, qué suprema felicidad hollar perlas y diamantes! El resto de este inmenso y vasto edificio es, igualmente, de incalculable valor. Los muros, revestidos de oro macizo, brillan con el reflejo que le es propio; puede afirmarse que si el sol le rehusaba su luz, el mismo palacio proveería a tal necesidad; tan deslumbradora luz despiden todos los de partamentos, galerías, puertas. Todo lo demás es de una riqueza que responde a la magnificencia del edificio; se diría que el propio Júpiter mandó construir este divino palacio, para habitar entre los mortales.