Read "Metamorfosis o el asno de oro" by Apuleyo online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
»Entretanto, Psiquis corría afanosa díaiia y noche, en busca de su esposo, sin descansar nunca, y creciendo el deseo cada vez más en su corazón. Por irritado que le hallara, quería, si no enternecerle con las caricias de una esposa, por lo menos quitarle el enojo con las súplicas de una esclava. »Viendo un templo a lo lejos, en la cumbre de una escarpada montaña:-¡Quién sabe, pensaba, si vive allí mi señor y dueño! Y se dirige súbitamente, con ardor, hacia donde le arrastran, con múltiples fatigas, la esperanza y el deseo. Cuando ha trepado valerosamente a tan prodigiosa altura, entra en el santuario. Encuentra espigas de trigo amontonadas, otras trenzadas en corona y algunas de cebada. También vio hoces y un aparejo completo para la siega: pero todo revuelto y en confusión, como ocurre cuando el cansancio vence a los segadores. Psiquis deshace cuidadosamente el montón; separa cada objeto y los pone en orden, convencida de que, lejos de despreciar el templo ni el ceremonial de ninguna divinidad, debe implorar, por el contrario, la benévola compasión de todas ellas.
»Ceres, la fecunda, la ve ocupada en este trabajo, celosa y activa:-¡Ah, desgraciada Psiquis! exclama. Venus busca afanosamente tus huellas por todo el universo; su furor y el deseo de encontrarte son inexplicables. Quiere castigarte con el último suplicio, y para vengarse pone a contribución todo su poder. Y tú, entretanto, cuidas mis intereses antes que tu salvación. Entonces, Psiquis, se arrodilló a sus pies, barrió el suelo con sus cabellos, y lavando con abundantes lágrimas los pies de la diosa, imploró su protección, con las más fervientes súplicas. »Por vuestra mano, que fecunda la tierra, por las alegres ceremonias de la siega, por los secretos misteriosos de las gavillas, por el carro arrastrado por dragones que os obedecen, por los surcos de la fértil Trinacria, por los demonios de Proserpina, por la tenebrosa escena de su lúgubre himeneo, por las antorchas, a cuya luz salisteis de los infiernos después de verla, por todas las restantes consagraciones que vela con misterioso silencio el santuario ático de Eleusis: tomad bajo vuestra protección la vida de la infortunada Psiquis, que os invoca rendidamente. Permitid que me oculte, aunque sea por breves días, en este montón de espigas; hasta que el tiempo haya calmado el cruel furor de aquella poderosa diosa, o que, por lo menos, un corto descanso haya reanimado mis abatidas fuerzas.