Read "Metamorfosis o el asno de oro" by Apuleyo online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
A la hora en que el gallo canta la aparición del día, llegó de la ciudad inmediata un criado (según me pareció) de Carita, la joven que fue mi compañera de infortunio en la casa de los bandidos. Había muerto su señora: habían ocurrido en la casa desgracias tan singulares como terribles, y poniéndose junto a la lumbre, con los demás esclavos, explicó lo siguiente: «¡Lacayos, boyeros y pastores, la infortunada Carita ya no existe! NOS ha sido arrebatada por trágica catástrofe, pero no ha bajado sola a la mansión de los inanes. Para que os hagáis cargo de todo, voy a contaros lo ocurrido. La aventura merece, sin duda, más hábil, más talentudo narrador, que la reprodujese en inmortales documento. »Había en la ciudad un hombre de ilustre nacimiento y distinguido rango, que disfrutaba de considerable fortuna. Pero era un mal ciudadano, un mosquito de bodega: vivía con mujeres alegres, no hacia más que emborracharse, y se había asociado, criminalmente, con partidas de ladrones, que le indujeron a la depravación. Llamábase Trasileo y disfrutaba de una fama proporcionada a su maldad.
Este hombre fue de los que primeramente y con más extremado ardor, solicitó la mano de Carita, en cuanto ésta llegó a la edad de elegir esposo. Aunque aventajaba a muchos de los pretendientes, y con sus opulentos regalos intentaba decidir en su favor la elección, era de costumbres tan depravadas, que fue rechazado rotundamente. Pero hasta que Carita consumó su matrimonio con el virtuoso Tlepolemo, el tal Trasileo conservó constantemente su desdeñada pasión, e irritado de que le rehusaran, acechó la ocasión de vengarse. Encontrando, por fin, manera de justificar su presencia, se decidió a cometer el crimen de antiguo meditado. El día que la muchacha escapó del asesino puñal de los bandidos, gracias al valor y la astucia de su prometido, uniose a la muchedumbre que la felicitaba haciendo resaltar su viva satisfacción y cumplimentando a los recién casados por su dicha actual y por sus deseados hijos. En honor a su ilustre origen, fue uno de los principales huespedes que se recibían en nuestra casa. Pero bajo la engañadora capa de amistad y afecto, ocultaba un proyecto criminal. »Hizo sus visitas más frecuentes, las con versaciones más asiduas, algunas veces era convidado a la mesa. En resumen, fortaleciose la amistad e insensiblemente hundiose en el abismo que la pasión abría bajo sus pies. No es de extrañar. La llama del creuel Amor es débil en un principio, y encanta con sus primeras gracias. Pero el hábito le excita, le hace devorador y pronto inextinguible incendio arde y consume a los mortales.